por
CHARLES SULLIVAN
y CAMERON McPHERSON SMITH
Traducido del
inglés por María C. Hernández
La evolución está pobremente caracterizada
por ciertas frases comúnmente usadas. Para comunicar adecuadamente
el funcionamiento de la evolución se requiere de mucha atención al
lenguaje y al uso de las metáforas.
Casi 150 años después de que Charles Darwin publicó El Origen de las especies, la teoría de la evolución todavía está ampliamente incomprendida por el público en general. La evolución no es una teoría menor y tampoco es difícil entenderla, sin embargo encuestas recientes han revelado que cerca de la mitad de los estadounidenses creen que los seres humanos fueron creados en su forma actual hace 10.000 años (Brooks 2001, CBS 2004). El mismo número rechaza el concepto de que los humanos se desarrollaron a partir de especies animales anteriores (Junta Nacional de Ciencias, 2000).
Mas la evidencia es clara: Ninguna especie, incluídos los humanos, apareció de repente. Cada forma viviente tiene una historia evolutiva y esas historias están íntimamente entrelazadas. Si no comprendemos esa evolución compleja podemos tomar decisiones equivocadas acerca de nuestro futuro y el de otras especies. ¿Deberíamos modificar genéticamente a los humanos? ¿También a nuestros cultivos? ¿Qué efectos puede tener el calentamiento global en la biología humana? Ninguna de estas preguntas ni muchas otras de inmediata importancia para la humanidad se pueden contestar sin entender el proceso evolutivo.
Al examinar cómo se presenta la evolución en los medios de comunicación de masas encontramos muchos problemas, el mayor de los cuales es el mal uso del lenguaje. Aquí vamos a examinar cuatro expresiones comunes: “la evolución es sólo una teoría”, “la escalera del progreso”, “el eslabón perdido”, y “sólo sobrevive el más fuerte”.
Estas expresiones son equívocas y erróneas. Tienen raíces antiguas que describen la biología como se entendía hace varios siglos y conducen a un cuadro distorsionado de lo que es la evolución y cómo funciona.
¿Ha oído a la gente desafiar la evolución diciendo que es sólo una teoría? El Distrito Escolar del Condado de Cobb en Georgia buscaba ese objetivo cuando puso estos letreros en los libros de biología: “La evolución es una teoría, no un hecho, acerca de los orígenes de los seres vivientes” (1). El problema con esta declaración está en los dos usos diferentes de la palabra teoría. El uso popular de esta palabra se refiere a adivinar o asumir algo sin tener bases sólidas, como cuando alguien teoriza que la luz que se mueve en el cielo nocturno es una nave espacial. Sin embargo cuando los científicos usan la palabra teoría se refieren a una explicación lógica, probada, bien fundamentada, de una gran cantidad de hechos (2). En este sentido la teoría de la evolución está tan bien fundamentada como la teoría de la gravitación universal o como otros modelos explicativos en campos como la química y la física. Es cierto que mucha de la evidencia usada en evolución no se obtiene en experimentos de laboratorio, pero sucede lo mismo en geología y en cosmología.
Un geólogo no puede retroceder en el tiempo para observar directamente la formación de la corteza terrestre, ni un cosmólogo puede presenciar el colapso de una estrella dentro de un hoyo negro, pero esto no significa que las teorías científicas acerca de la naturaleza de estos fenómenos sean simplemente adivinaciones sin ninguna base. Algunas teorías científicas explican mejor los hechos que otras y en biología no existe una teoría científica con más poder explicativo que la teoría de la evolución. El biólogo Theodosius Dobzhansky atinó cuando dijo: “En biología nada se entiende si no se enfoca desde la evolución”.
Mucha gente confunde la teoría evolutiva con el Lamarquismo, creado por el naturalista francés Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829). Lamarck fue un evolucionista en el sentido en que favoreció el concepto de que nuevas especies evolucionan de otras especies ancestrales, pero estaba equivocado acerca del mecanismo con el cual las especies cambian y acerca del tiempo necesario para estos cambios. Lamarck pensó que el mecanismo para el cambio biológico era la transmisión a la siguiente generación de características adquiridas durante la vida de un individuo. Su ejemplo más famoso es el de la jirafa. Según él, los ancestros de la jirafa tenían cuellos más cortos que estiraban para alcanzar los árboles altos. Sus descendientes heredaron los cuellos más largos porque las características de estos recién estirados cuellos paternos fueron pasadas a su descendencia. Además Lamarck creyó que la evolución de una nueva especie podría ocurrir dentro de unas pocas generaciones o inclusive dentro de una sola generación. Su posición era razonable para su época pero resultó incorrecta.
Las características adquiridas no se transmiten (3). Si usted pierde un brazo en un accidente su descendencia no nacerá sin un brazo. Si usted levanta pesas para ganar masa muscular no podrá transmitir esa masa muscular a sus hijos. Los judíos han estado practicando la circuncisión por cientos de generaciones, pero eso no significa que esta característica sea biológicamente heredada.
La posición de la teoría evolutiva moderna o Neodarwinismo (4) es la de que algunos ancestros de las jirafas adquirieron cuellos un poco más largos a través de mutaciones al azar. Estos animales podían ingerir alimentos que estaban fuera del alcance de otros de su especie y por eso fueron más saludables, con más larga vida y con mejores oportunidades para reproducirse y pasar los genes necesarios para tener el cuello más largo. Muchos de estos cambios incrementados durante largos periodos de tiempo son necesarios para que una nueva especie –o un cuello tan largo como el de la jirafa- pueda surgir.
La evolución de las jirafas o de otras formas de vida no debería considerarse como un solo proceso. Existen al menos tres procesos independientes que tomados juntos forman nuestro concepto de evolución. Estos procesos son: réplica, variedad y selección. La réplica es esencialmente la reproducción. La variedad se refiere a los cambios al azar –mutaciones típicas- que se presentan en las descendencias y que las hacen diferentes a sus progenitores. La selección se refiere al proceso por el cual aquellos individuos bien adaptados a su medio ambiente tienden a ser los que sobreviven pasando sus genes. Estos tres procesos ocurren a diario en la naturaleza y es a su efecto agregado a lo cual llamamos evolución.
Si una teoría científica completamente nueva y con más poder explicativo se formulara, el Neodarwinismo tendría que desecharse como lo fue el Lamarquismo.
El Creacionismo y el Diseño Inteligente no califican como teorías científicas competentes porque no son científicas ya que no ofrecen explicaciones naturales a los fenómenos biológicos, sino que tratan de dar explicaciones sobrenaturales que no se pueden comprobar científicamente. El Neodarwinismo ofrece una explicación natural que satisface los hechos de la evolución y rechaza las explicaciones sobrenaturales.
Cuando se discute la teoría de la evolución es importante notar por qué es equívoco decir que la evolución es sólo una teoría: La evolución es definitivamente una teoría, pero una teoría con mucha evidencia de su parte y con más poder explicativo que cualquier otra teoría en biología.
La palabra evolución es a veces utilizada para significar progreso. La gente habla de evolución moral cuando se discuten ciertos cambios culturales que han resultado buenos como el reconocimiento de los derechos de la mujer. O se habla de la evolución tecnológica al comparar la presente con la de los antiguos cazadores-recolectores. Aquí de la palabra evolución implica un desarrollo progresivo hacia niveles mejores o más avanzados. Es este sentido no biológico de evolución lo que hace que la gente piense que la evolución biológica implica un progreso ascendente de niveles inferiores a niveles superiores.
La idea de una escalera de progreso evolutivo tiene sus raíces en los conceptos griegos clásicos y en los conceptos europeos medievales acerca de la naturaleza del universo. La más común manifestación de ellos es la Gran Cadena del Ser, la cual fue muy influyente en Europa desde el siglo quince hasta el siglo dieciocho. Su idea básica es que Dios y su creación forman una jerarquía ordenada desde los más imperfectos seres al fondo de la cadena hasta los más perfectos en la cima de ella, como Dios mismo. Simplemente dicho, este ordenamiento de abajo arriba es así: Rocas o minerales, plantas, animales, hombres, ángeles, Dios.
La Gran Cadena del Ser no se diseñó teniendo en mente la evolución ya que la idea predominante en esa época era que Dios creó todas las especies actuales tal y como son hace mucho tiempo. La verdad es que La Gran Cadena del Ser es un método de clasificación. Esta idea empezó a perder apoyo antes de la revolución darwiniana pero las ideas de Darwin y su refinamiento al final llegaron a romper sus eslabones.
La explicación moderna de la biología no implica progreso en el sentido de un movimiento ascendente y natural hacia el cual se dirige la vida (5), ya que las mutaciones genéticas lo interrumpen inesperadamente.
Un estudio del DNA de los pájaros pinzones que Darwin estudió en las Islas Galápago (Petren et al. 1999) nos da un buen ejemplo de por qué la idea de progreso no tiene sentido en evolución. Este estudio sugiere que los primeros pinzones que llegaron a esas islas fueron los pinzones Warbler (Certhidea olivacea), cuyos picos puntiagudos sirven para comer insectos. Otros pinzones evolucionaron más tarde a partir de los pinzones Warbler, siendo uno de ellos el Geospiza, o pinzón terrestre, cuyo pico ancho es bueno para partir semillas. Otro de ellos es el Camarhynchus o pinzón de árbol, de pico afilado, bien adaptado para cortar vegetación.
A pesar de que los pinzones comedores de semillas y de que los pinzones vegetarianos evolucionaron a partir de pinzones comedores de insectos, aquéllos no son “más evolucionados” que éstos, ni están más arriba en la escala evolutiva. Ya que la evolución de los pinzones en las Islas Galápago estaba controlada primeramente por la dieta, los pinzones terrestres llegaron a estar mejor adaptados para vivir de semillas, así como los pinzones de árbol viven de vegetación y los pinzones Warbler de insectos. Si las semillas llegaran a escasear en esas islas, tal vez los pinzones comedores de semillas -que son una especie más reciente- llegaran a extinguirse, mientras que los pinzones comedores de insectos -que han estado allí por mucho más tiempo- tal vez continuarían expandiéndose. Los conceptos de “superior” e “inferior” no son apropiados para los pinzones de las Islas Galápago, así como no son apropiados al hablar de evolución. Lo que importa es la adaptabilidad relativa al medio ambiente. Las especies no pueden predecir el futuro para luego adaptarse deliberadamente a los cambios ambientales y si el medio ambiente cambia drásticamente, esas adaptaciones que una vez fueron útiles, pueden resultar entonces desfavorables.
La idea de la Gran Cadena del Ser todavía persiste a pesar de que los biólogos rechazaron toda explicación similar a una escalera de progreso en evolución. Una comparación que viene al caso es un arbusto con ramas que crecen en muchas direcciones, en vez de una escalera que va de inferior a superior. Si pensamos en la evolución de esta manera evitaremos confundirnos con ideas de progreso ya que las ramas de un arbusto crecen en varias direcciones en tres dimensiones y las ramas nuevas nacen de las ramas viejas sin que por eso se diga que las que están más lejos del tronco son mejores que las que están cerca de él. Una rama reciente que ha nacido de otra anterior –como una especie que ha evolucionado de otra especie ancestral- no indica mayor progreso o mayor calidad. Es simplemente una nueva rama en el arbusto y así como una nueva especie, está suficientemente desarrollada para sobrevivir en su medio ambiente.
“Es encontrado un fósil que puede ser el eslabón perdido”, reportó el Washington Post el 22 de abril de 1999. La historia dice que un fósil descubierto en Etiopía “… puede muy bien llegar a ser el largamente buscado predecesor inmediato de los seres humanos.”
Mas casi cincuenta años antes el paleontólogo Robert Broom había publicado El Encuentro del eslabón perdido (1950), acerca de su descubrimiento del fósil “hombre mono” en unas cuevas de Sudáfrica. Desde entonces han sido continuos los descubrimientos de “eslabones perdidos”. ¿Qué está pasando? ¿Por qué el eslabón perdido ha sido descubierto repetidamente?
El problema radica en una metáfora falsa. Cuando decimos “eslabón perdido”, implicamos la existencia de una cadena con eslabones que se interna en el pasado. Cada eslabón es una especie, una variedad de vida definida. Ya que en una cadena cada uno de los eslabones se une a otros dos, cada uno está unido íntimamente a formas de vida pasadas y futuras. Si se rompe un eslabón se separan las piezas de la cadena y se pierden las relaciones entre ellas, pero si se encuentra uno se puede armar de nuevo la cadena reconectando las partes separadas. Una razón poderosa para usar esta metáfora es que tiene el drama de la búsqueda, el deseo por ese elusivo punto de unión.
Sin embargo la metáfora es tan equívoca como atractiva. El concepto de que cada especie es un eslabón en una cadena de formas vivas fue ampliamente desarrollado en la era tipológica de la biología, cuando las “especies constantes” (la idea era que las especies nunca cambiaban) era el paradigma dominante. Tanto John Ray (1627-1705) como Carolus Linnaeus (1707-1797), los arquitectos de la clasificación biológica (de los cuales ninguno creía en la evolución), describieron el orden de las especies vivientes, un orden que ellos creían proveniente de Dios (Ray sugirió que los insectos tenían el don divino de picar a los impíos). Pero mientras los eslabones de la cadena pueden ser discretos, inmutables y bien definidos, los grupos de formas vivientes no los son (6). Generalmente definimos a una especie como a un grupo que no se puede mezclar con otro para procrear, pero como las especies no son inmutables (puesto que cambian con el tiempo), puede ser difícil determinar en dónde termina una especie y empieza otra (7). La vida no está ordenada en eslabones sino en gradaciones, por lo tanto la cadena metafórica es mucho más insustancial de lo que parece.
Por lo tanto la metáfora de la cadena es inservible pues no representa adecuadamente la biología que conocemos hoy, sino la que conocíamos hace cuatro siglos. El mito persiste porque es conveniente, ya que es más fácil pensar en las especies como tipos con cualidades propias, que como gradaciones entre una especie y otra. En la escuela aprendemos las características específicas de las plantas y de los animales y esto no es un problema, sólo que casi nunca nos enteramos de la verdad: que esas características cambian con el tiempo.
El artículo del Washington Post, lo mismo que el libro de Broom, describen el descubrimento de los australopitecinos, homínidos africanos (8) que vivieron hace más de tres millones de años. Estos homínidos caminaban erguidos como los humanos modernos pero tenían dientes grandes y cerebros pequeños de simio. Sin embargo hicieron herramientas rudimentarias de piedra más complejas de lo que puede ser cualquier palito usado por chimpacés para sacar termitas y mucho menos elaboradas que las herramientas simétricas que hicieron nuestros primeros antepasados, los Homo. En términos de anatomía y de conducta algunos de ellos parecen ser “mitad humanos”. Además se cree ampliamente que los primeros Homo descienden de una variedad de australopitecinos. Broom tuvo razón después de todo y también el Post pues se había hallado un eslabón perdido, el Australopiteco. Mas hay muchas variedades de Australopiteco y de Homo y no se puede trazar una línea divisoria clara entre ellos. Por lo tanto es más exacto decir que encontramos una “gradación” en vez de un “eslabón perdido” (9).
Podemos corregir la metáfora falsa cambiando las palabras. En las escuelas, en los libros de texto, en las discusiones con nuestros estudiantes y en las declaraciones a la prensa (conexión crítica entre los académicos y el público), debemos comenzar a decir que buscamos un eslabón perdido en lugar de decir el eslabón perdido. Estaría todavía mejor si reemplazáramos “eslabón perdido” por una expresión más apropiada.
Cerca de un millón de años atrás hubo en las selvas de bambú de Asia del sur un simio tan grande que hoy se conoce como Giganthopitecus. Medía casi tres metros de altura, pesaba alrededor de 500 kilos y tenía una enorme mandíbula que trituraba el bambú con facilidad. Era un ser realmente fuerte, pero todo lo que queda hoy de él son unos pocos dientes y huesos de la mandíbula que están reposando en los museos.
Si sólo sobrevive el más fuerte, ¿Cómo es que el primer Homo –bípedo mucho más pequeño que vivía en la misma área y al mismo tiempo que el Gigantopithecus- logró sobrevivir? ¿La mayor de estas criaturas no hubiera aniquilado a la menor fácilmente?
Los gigantes del ayer pueden llegar a ser las piezas de museo de hoy. Si sólo sobrevive el más fuerte, ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo es que los humanos de hoy son los amos de la tierra, pero cuando pierden sus herramientas y su cultura se vuelven los más indefensos animales?
La respuesta obvia es que la fuerza se mide de muchas maneras. La fuerza muscular es una medida y el poder cerebral es otra. Lamentablemente esta distinción se pierde en la cultura popular y cuando decimos “el fuerte” o “el que está en mejor forma”, la mayoría de la gente piensa que nos referimos a una competencia entre individuos. Nos imaginamos que estos individuos están enfrentados entre sí en una arena imaginaria en donde luchan por las hembras y por sobrevivir, ya que los más fuertes son los que viven, pasan sus genes y propagan su descendencia y los perdedores se extinguen junto con su linaje.
Esta noción de un combate único es demasiado simplista. En realidad hay docenas de ellos, docenas de problemas que deben ser resueltos por cualquier organismo para poder vivir. Tal vez uno sea la competencia directa con otros individuos, pero a diario los contrincantes son pateados de una arena a la otra y si el río se seca, pasan a la arena de la conservación de agua; si la temperatura baja de repente, pasan a la arena de la conservación del calor; y si la vegetación que los alimenta empieza a cambiar, se encuentran en la arena de la versatilidad metabólica.
En resumen, sobrevivir es mucho más complicado de lo que sugiere un solo combate entre individuos. Las formas vivientes luchan contra una amplia gama de factores y cada vez contra más de uno de ellos. En biología estos factores se conocen como presiones selectivas.
Estas presiones selectivas también cambian y alguna de ellas puede ser particularmente importante para cambiar el curso de la evolución durante un tiempo, pero más tarde puede desaparecer y dejarle el paso a otra diferente. Como el medio ambiente está cambiando siempre, ninguna especie puede saber a ciencia cierta cuál presión selectiva tendrá que enfrentar mañana y de hecho tal anticipación consciente del futuro es imposible para la mayoría de las especies (¿Podrían los venados haber previsto la invención de las escopetas?). La evolución es enteramente reactiva y moldea las especies de acuerdo con el medio ambiente del pasado y del presente, pero nunca con el medio ambiente del futuro (10).
Nosotros los humanos, así como todas las formas vivientes, existimos y luchamos no en una sola arena, sino en un tejido enorme de presiones selectivas que es increíblemente complejo y cambiante. La supervivencia es algo mucho más difícil que el hecho de apabullar a los inmediatos contendores.
¿Por qué persiste el mito del combatiente único en la arena evolutiva? La respuesta está quizás en los valores renacentistas que impulsaron el individualismo y que son muy complejos para examinarlos en este ensayo (11), pero está claramente relacionada con el Darwinismo Social del siglo diecinueve. Los darwinistas sociales acomodaron las ideas de Darwin a la sociedad y a la economía humana y concluyeron que el progreso sólo se podría lograr si se eliminaban las imperfecciones de la humanidad, lo cual se obtenía mediante la competencia. Dicha competencia, asombrosamente resumida en el término de Herbert Spencer, “sólo sobrevive el más fuerte”, fue tomada literalmente como la competencia entre individuos. En los programas de televisión real de hoy se aplica esta metáfora, por lo cual el concepto de supervivencia se realiza gracias a la más violenta competencia individual.
La mejor manera de destruir este mito es enseñar que la fuerza bruta no garantiza el éxito a largo plazo. De hecho ninguna característica aislada lo garantiza. Lo importante es describir la razón por la cual no hay una clave única para el éxito duradero, ya que nunca sabremos cómo nuestro ambiente selectivo va a cambiar.
La única esperanza para el éxito de la humanidad es permanecer flexible y adaptable, puesto que la fuerza reside en la adaptabilidad, la cual se origina en la variedad genética y cognitiva.
El cuadro de la evolución basada en los mitos comunes que hemos delineado es un mosaico de confusiones. Es muy importante remediar esta confusión ya que de cómo pensamos en nosotros mismos y en las otras especies de la tierra depende cómo entendamos la evolución. Podemos vernos a nosotros mismos de dos maneras: como seres separados del mundo natural que sólo sirve de teatro para nuestra evolución (12), o como una de las muchas especies que evolucionan juntas en este planeta. La primera es una posición que puede perdurar si seguimos describiendo la evolución con expresiones obsoletas o erróneas. La segunda es la posición correcta que será mejor difundida si usamos un mejor lenguaje y si reconocemos todo lo que hemos aprendido en biología durante los últimos 150 años (13).
Las
formas de transmitir esta posición correcta deben incluir el uso cuidadoso
del lenguaje y de la metáfora para explicar exactamente lo que es la
evolución y cómo sucede.
Notas
evolución es una teoría, no un hecho, sobre el origen de los seres vivientes. Este material debe ser enfocado con mente abierta para estudiarlo con cuidado y para considerarlo críticamente”. Esto condujo a una demanda legal, Selman vs el Distrito Escolar de Cobb County y en enero 13 de 2005 un juez federal falló este procedimiento como inconstitucional.
2. Ver al respecto “Lo que está mal con las Resoluciones “Teoría o Hecho”. Centro Nacional para la Educación Científica. Diciembre 7 de 2000. Disponible en internet:
www.ncseweb.org/resources/articles/8643_whats_wrong_with_theory_not_12_7_2000.asp.
References
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Commager, H.S. 1965.
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Dobzhansky, Theodosius.
1973. “Nothing in Biology Makes Sense Except in the Light of
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Jackson J, Kirby M, Berger
W, Bjorndal K, Botsford L, et al. 2001. “Historical Overfishing
and the Recent Collapse of Coastal Ecosystems” Science
297:629–637.
Mallet, J. 1995.
“A Species Definition for the Modern Synthesis”. Trends
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Petren, K., Grant, B.R.
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Royal Society of London B266: 321-329.
Lin, Q., Chen, Q., Lin, L.,
and J. Zhou. 2004. “The Promoter Targeting Sequence
mediates epigenetically heritable transcription memory.” Genes
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Shanahan, T. 2004.
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Strickberger, M.W. 1985.
Genetics. Macmillan, New York.
Wilson, E.O. 1977.
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Poll Sources
Gallup Poll: http://www.gallup.com/poll/content/login.aspx?ci=14107
CBS poll: http://www.cbsnews.com/stories/2004/11/22/opinion/polls/main657083.shtml
National Science Board. 2000. Science and Engineering Indicators. Washington, DC. US Government Printing Office. Also available online at: http://www.nsf.gov/sbe/srs/seind/pdf/c8/c08.pdf
Este ensayo está tomado de
la revista SKEPTICAL INQUIRER, The Magazine for
Science and Reason (El Preguntón escéptico, la revista de
la ciencia y la razón), Volumen 29. No.3, Mayo/Junio de 2005. Publicada
por el Comité para la Investigación Científica de los Fenómenos
Paranormales. www.csicop.org